
El día, el primer día que pude soltarme, me liberé.
Fue más tarde que le pude poner nombre a esa sensación. Por lo visto, hacía mucho que eso de soltarme sabía hacerlo, es solo que solo lo usaba inconscientemente, quizá ahora pueda usarlo más conscientemente a mi favor.
Muchas veces es el miedo quien no me permite soltarme. Por lo tanto, yo no me suelto. No me creía capaz de soltar y vivir sin él, sin el miedo. Pero cuando ya no puedes más y prefieres no vivir a vivir con tanto miedo, decides soltarlo.
Resultó que puedo más y que al soltar el miedo, me quedé yo.
Me quedé en un vacío. Pero sin caerme. Tranquila, conmigo misma, en ese vacío, en ese silencio. Y no pasaba más. La expectativa no se cumplió. Empecé a pensar que las expectativas son una mierda. No se cumplen y si se cumplen, la mido a la baja. Una mierda.
Quizá queda algo de expectativa, algo de esperar algo… pero poco. Sin poner tanto en la expectativa. No lo es todo, ni mucho menos!!! Lo que espero es algo con menos carga, puede llegar o no, no hay enfado, no hay apuestas máximas. Ya sé, lo que queda es estar abierta a la sorpresa.
¿Conseguido para siempre? NOOOOOO. Me doy cuenta antes y me reto a quedarme con la posible sorpresa, no con la expectativa, a separarlo, a soltar.
Creo, pensándolo ahora, que lo que más necesité fue paciencia, conciencia y honestidad. Ésta última conmigo misma cuando me enfado o hay frustración, esa que muchas veces vuelcas para otro lado, cuando sabes que está totalmente en tu patio.
Puede parecer agotador. Nada más lejos de la realidad. Es liberador. Liberar energía no es lo mismo que gastarla.
Suelto miedos, no me caigo. Suelto expectativas, no me caigo.
Suelto prejuicios sobre lo que piensen de mí, sobre lo que pienso yo de otros y de mi. Suelto complacer. Suelto anteponer a los demás sobre mí. Suelto la perfección, la exigencia. Suelto y no me caigo.
Me quedo yo. Y no pasa más que lo que pasa.
Suelto lo que creo y me quedo con lo que siento.
Resulta que no me diluyo, resulta que me expando. Y pocas veces me he expandido, esto es nuevo, mi costumbre es replegarme. Es raro y sienta bien.
«La posibilidad de quitarse la máscara en todas las ocasiones es una de las raras ventajas que reconozco a la vejez.» – Marguerite Yourcenar-
Estoy aquí para ti. Te escucho lento.