BUCEAR PARA SACAR A FLOTE MI PAZ.

Buceo en mí. Cierro los ojos cada mañana, aunque sean 10 minutos y buceo en mí.

Ahora lo siento como un buceo. Cuando, aquella primera vez me introduje consciente o inconscientemente en mi, al escribirlo ahora creo que más bien fue inconsciente; no era un buceo. Fue expresar una imagen, una representación de mi laberinto interior.

Aparecía dentro de mi. Un laberinto de árboles, compactos, verde pino entremezclado con muros de arena, compacta también, imposibles de atravesar, de derrumbar o ver a través de ellos.

Con ayuda, con acompañamiento surgió esta representación. La vi claramente. Me cogieron casi literalmente, de la mano y me llevaron a verlo desde afuera, observar mi laberinto.

Y así ver más allá. Ver y localizar una bola grande, enorme. Era mi mayor monstruo quizá y el premio del laberinto.

Hacerlo acompañada me permitió sentirme protegida. Atreverme a andar ese laberinto. Encontrar en esa angustia interior un remanso de paz.

Hoy buceo para encontrar esa paz. Me sumerjo de cabeza y sé, no dudo, que está ahí. A veces, está escondida en las cosas cotidianas, preocupaciones como papeleo esperando a ser atendido, pero está. Y yo buceo un poco y la traigo afuera, al día, a mi día, a mi atención, a mi primera línea.

Mi paz son la calma, atender lento, sentirme, admirar lo bello de la vida a mi alrededor, la calma de una conversación lenta, la sencillez de lo cotidiano.

Hacerte los días fáciles, días con ganas aunque sin altas expectativas, días sencillos con alta carga emocional, días enormes, de peso, bellos, recordables, perdurables. Sencillos. Plenos.

Aquí tienes mi mano para bucear o encontrar el premio del laberinto.

Soy COHERENTEMENTE INCONSCIENTE.

Estoy aquí para ti. Tienes voz. Te escucho lento.