
Esa frase, esa genial y atrevida frase: No somos nada. Tela marinera.
Bueno… Mira… No sé tu pero va a ser que yo quiero, deseo y mira, sí, si soy algo. Un algo que algo hará o habrá hecho, por poco que pueda parecer.
Como que se me viene un calorcete interno de contestación: ¿Cómo que no soy nada? ¡¡Anda que no!! Y me pongo a pensar lo que soy, lo que he logrado, lo que he hecho. Y ahí, ahí me asalta como un brillo esclarecedor: ¡Y también soy con quién he conectado!
Somos seres que necesitan conectarse, cada uno en su medida. Vaya, que aquí las medidas van a ojo y hay que desarrollar ciertas habilidades sociales para establecer buen intercambio eso, en su justa medida. Difícil. Si, nadie dijo que fuese fácil. Se aprende, también. Como siempre a base de experiencias. Todos. Así que por eso, tranquilidad, todos aprendemos la interconexión básica.
Algunos, nos atrevemos a un poco más. NOS MOSTRAMOS VULNERABLES. Contarle al mundo o a quien te escuche lo que te duele.
Osadía donde las haya. Asusta. Bueno… y enriquecimiento multiplicado por infinito.
Gano mucho más. Ni siquiera es proporcional.
Yo aprendo a validar yo misma mi dolor, mi vulnerabilidad, yo sé el valor que lo que siento vale.
Yo me muestro y tu te puedes permitir demostrarte, te atreves y, entonces, surge esa magia. El brillo se ve en la mirada de ambos. Mi brillo/tu brillo necesita los ojos de otro en los que reflejarse.
Nos vemos en la mirada, vemos desde nuestra mirada, tu mirada ajena a mi la hago mía durante ese tiempo. Y lo vemos. Hay algo más. Está ahí, ese algo que somos, eso que se dice, no es nada. Lo vemos, lo multiplicamos. Y se queda en los dos.
El brillo, la forma de sentir, el descubrimiento de lo que es para el otro belleza, lo importante, la admiración, el aprendizaje, necesita de los dos.
Gracias.
Paso a paso…Probemos… Si quieres te acompaño.
«Gracias por existir en mi vida.»
Soy COHERENTEMENTE INCONSCIENTE.
Estoy aquí para ti. Tienes voz. Te escucho lento.