ME DESDIBUJO.

A veces, si, a veces, me desdibujo. Creo que es consciente. Empieza de forma sutil, poco a poco, y me voy dando cuenta, incluso me dejo desdibujar un pelín más antes de ser plenamente consciente.

¿Y entonces, qué?

Esa sensación, esa tristeza que me mete dentro de mí. Y no comparto. Aún no puedo, NO ME ENTIENDO.

Me desdibujo, me dejo perder en mí. Dudo de mí, dudo de lo que siento, dudo aún más de lo que pienso. Y no hago. No hago por que no sé qué hacer, no sé qué está bien, qué está mal, no sé qué quiero hacer, ni para qué hacer nada. Ser bicho bola estaría mejor,

Y me enfado. Me enfado con todo y todos, todo está mal, todo sale mal. No me escuchan, no me entienden. No soy nadie para ellos. Si, me leo. SI, me enfado conmigo. No todo está mal, ni sale mal. YO no me entiendo. ¿QUIÉN SOY PARA MÍ?

¡¡¡ Ahí está !!! Quién soy para mí. Me desdibujé. Toca dibujarme. Líneas, trazos, borrones, goma, difumina, da luz aquí y allá, ilumina, marca la sombra, no te olvides, todo incluido es un buen dibujo de ti. Todo es necesario para ser tú.

¿Empezamos a hacer tu boceto de ti mismo? Te acompaño.

Estoy aquí para ti. Tienes voz. Te escucho lento.