
No pregunto si lo necesitas, pregunto cuánto. Te aseguro que lo necesitas. Lo necesitas tú. Lo necesito yo.
Silencio para no pensar. Silencio para reflexionar. Silencio para observar mi verdad, incluso la que a veces, no quiero ver. Silencio para no llamar la atención. Silencio para mi serenidad.
De acuerdo, a veces para ese silencio necesito meterme en mi cueva, que no me pregunten. Ya me estoy preguntando yo, gracias. Aunque muchas veces encuentro ese silencio de forma más cotidiana, sutil. Darme la capacidad de bajar revoluciones, estar respirando hacia dentro. Unos minutos. Una respiración muy honda que, de alguna manera, desbloquea algo, amplía los pulkmones, limpia la tráquea. O un suspiro, soltar el aire más lento y conscientemente.
Sencillo, ¿no? ¿Una tontería? Pues me funciona, me funciona y mucho. Es un momento de NADA. Nada de tiempo usado, nada de juicio, nada de llamar la atención, nada está mal, ni siquiera regular.
¿Tienes silencios? ¿Cuál es tu truco?
¿Qué te cuentan tus silencios? ¿Qué te aportan tus silencios?
¿CUÁNTO NECESITAS TUS SILENCIOS?
Estoy aquí para ti. Tienes voz. Te escucho lento.